Los hechos ocurrieron durante la
manifestación que siguió a la primera de la serie de concentraciones que se
vienen desarrollando en ciudades como Barcelona, Bilbao, Burgos, Cáceres,
Donosti, Granada, Gijón, Madrid, Murcia, Ourense, Santander, Sevilla, Valencia o
Zaragoza para reivindicar el derecho de acceso a una Vivienda Digna, a un precio
asequible, y protestar contra la elevada precariedad laboral que sufre el
conjunto de la sociedad, pero cuyo efecto se deja sentir con mayor énfasis entre
los trabajadores más jóvenes, los que proceden de más allá de nuestras
fronteras, y entre las personas de edad avanzada.
A la manifestación espontánea acudieron
varios miles de personas, convocadas boca a boca, por mensajes de móvil y a
través de Internet. Habida cuenta de que nadie la había convocado oficialmente,
tampoco hubo nadie que comunicara oficialmente el evento a las autoridades.
Era domingo, 14 de mayo, Jaume
d’Urgell y su esposo decidieron sumarse a la manifestación. Iniciada ésta,
cuando la marcha alcanzó la altura de la sede central de los juzgados del
Contencioso Administrativo, en la Gran Vía de Madrid, Jaume escaló la
fachada del edificio hasta llegar al sitio donde ondea la bandera nacional,
procedió a arriarla, y ante el alborozo y los aplausos
de la concurrencia, izó en su lugar la bandera tricolor —republicana—.
No encontró resistencia, ni hubo violencia, ni siquiera escarnio contra la
bandera oficial, que simplemente arrojó al suelo, sin quemarla ni someterla a
ningún otro desprecio.
Tras eso, Jaume fue objeto de
seguimiento policial discreto hasta que una hora y media más tarde fue detenido
y trasladado al palacio del Senado, que para la ocasión hizo las veces de
improvisado centro de detención. Luego se le trasladó en coches camuflados hasta
la comisaría de la Policía Nacional en Moratalaz, y finalmente fue puesto a
disposición judicial.
Inicialmente se trató de imputarle unas
supuestas agresiones a una persona, artimaña para la que los policías llegaron a
falsear la hora de la detención —puesto que los hechos tuvieron lugar una vez
Jaume ya se encontraba bajo custodia policial—, pero ante la contundencia de las
pruebas —el Senado dispone de un circuito cerrado de TV en cuyas imágenes se
podía apreciar la detención, con la hora sobreimpresa—, el fiscal ha optado
finalmente por no hacer mención a todo eso en su escrito de acusación, en el que
sin embargo sí responsabiliza a Jaume de la organización y dirección de la
protesta, por lo que le imputa un presunto delito de “desórdenes públicos”
solicitando una condena de un año de prisión, otro de
inhabilitación especial para sufragio pasivo —no podrá presentarse como
candidato en las próximas Elecciones Generales—, además de once meses de multa
por otro presunto delito de “ultrajes a España”.
Se da la circunstancia de que tres días
después de la detención de Jaume, otro dos jóvenes: Eduardo y Naiara, militantes
de las Juventudes del Partido Comunista, fueron igualmente objeto de acoso
policial —que en su caso incluyó golpes y vejaciones—, la razón: enarbolar
sendas banderas republicanas durante una visita oficial del heredero de la
Corona.